Y sin embargo

Ya no se cree nada. Se arropa con una manta de cinismo y declara que no tiene tiempo ni ganas de escuchar mentiras. Ni de leerlas. De dar valor a un mensaje en el que se invierte medio segundo. Da igual que sea una puesta de sol, una sonrisa, un ‘buenos días’ de pura desgana mientras se ven las noticias. De sentirse única sólo cuando escucha frases que sabe manoseadas, repetidas mil veces a mil personas diferentes.

Y sin embargo, hoy va a salir y se está pintando las uñas de los pies de rojo.

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